Ramiro Ponce de León

Mi historia empieza
en los Andes.

La cultura, las personas y los lugares que dan sentido a lo que hago.

RAMIROBIZ · Desde Cusco

QUIEN SOY Y QUE HAGO

QUIEN SOY Y QUE HAGO

Soy Ramiro, creador de InfoCusco, distribuidor de sal de Maras, Administrador de Mandor Wasi Casa de Campo en Quillabamba y soñador andino con WiFi. Desde la tecnología hasta el turismo, desde los beats electro pop andinos hasta los partidos en el estadio Garcilaso, todo lo que hago nace del mismo lugar: Cusco.

RAMIROBIZ · Desde Cusco

Cienciano de Corazón

Cienciano de Corazón

Soy ciencianista de corazón, no solo por lo que representa el club, sino porque estudié en el glorioso Colegio Nacional de Ciencias, cuna de historia, rebeldía e identidad cusqueña. Crecí en una ciudad donde el orgullo no se hereda, se vive, y Cienciano siempre fue parte de eso: el equipo que nos enseñó que desde el sur también se puede hacer historia. Ser del Cusco no es solo una ubicación geográfica, es una forma de sentir, de resistir y de avanzar con el pecho inflado, aun cuando nadie cree en ti. Por eso, todo lo que hago —en los viajes, en la música, en los negocios— tiene esa misma energía roja que aprendí en la cancha y en el aula.

RAMIROBIZ · Desde Cusco

Viajero por naturaleza

Viajero por naturaleza

Desde siempre he recorrido los rincones de Cusco y del Perú, aunque es en mi tierra, Cusco, donde más me he perdido para encontrarme. Caminé caminos antiguos, visité comunidades, celebré fiestas tradicionales y descubrí paisajes que no aparecen en las postales. Hoy, gracias a las nuevas tecnologías, esa pasión la llevo más lejos: hago transmisiones en vivo desde los propios atractivos turísticos, mostrando en tiempo real nuestras costumbres, rituales y tradiciones. No se trata solo de viajar, sino de compartir lo que somos con autenticidad y conexión real.

RAMIROBIZ · Desde Cusco

Mi historia con el Santuario del Señor de Qoyllur Rit’i

Mi historia con el Santuario del Señor de Qoyllur Rit’i

A mis 10 años aproximadamente, fui por primera vez al santuario del Señor de Qoyllur Rit’i, acompañado por mi mamá y mi madrina de bautizo. Estábamos en una celda cerca al templo. Aunque no entendía del todo lo que significaba la festividad, ver tanta fe reunida en un solo lugar me dejó impresionado. No era solo una procesión, era algo más profundo. Años después, ya adolescente, decidí peregrinar con un grupo de amigos del barrio. Partimos desde Urcos a pie hacia el santuario. Fue una experiencia inolvidable. Pasamos hambre, sed, frío, pero no nos importaba, éramos jóvenes, teníamos energía, propósito. Recuerdo que cuando llegamos a Mahuayani nadie nos creía que habíamos venido caminando desde Urcos. Lo hicimos al menos tres veces. El tiempo pasó. Ya más adultos, tres amigos y yo volvimos en un tico. Al llegar a Mahuayani no sabíamos si encontraríamos a alguien en el templo. Preguntamos y un portero nos dijo que hacía semanas que nadie subía, fue él quien nos dio la llave, subimos y a llegar a la primera cruz, el paisaje estaba cubierto de nieve. Todo blanco, todo silencio, y en ese silencio vimos huellas frescas hacia la puerta del templo, como si alguien hubiera entrado poco antes. Lo más curioso es que no recuerdo nada más. Solo me veo de regreso a Cusco. Años más tarde volví con mi familia, esta vez en fechas festivas. Luego dejé de ir por un buen tiempo, pero hace algunos años, volví… y solo.

Y fue ahí, en ese regreso, que algo dentro de mí se activó. Tuve un flashback: recordé todo, entendí todo. Comprendí que ese lugar —ese santuario, esa montaña— es el único lugar en el mundo donde he sido, soy y seré profundamente feliz. No una felicidad mejor ni mayor que la que uno puede vivir con su familia o con amigos… pero sí una felicidad distinta. Una que nace del silencio, del aire helado, del sonido de los pasos sobre la nieve. Una paz que no se explica, solo se siente, desde entonces, regreso cada año. Y cada vez que llego, siento como si alguien me dijera desde el santuario: “Viniste, Pasa, Siéntate, Que alegría saber que estas aqui!” Así… como cuando uno llega a casa del abuelo o de los padres, y te reciben con cariño, sin preguntar nada con ese amor cálido e incondicional así lo siento yo, y no puedo evitar emocionarme hasta las lágrimas. Estos dos últimos años he tenido la dicha de compartir mi experiencia con ustedes, transmitiendo en vivo por TikTok. Y lo seguiré haciendo mientras pueda. Porque este peregrinaje no es solo una tradición: es mi momento más sagrado del año. Y si algún día te animas a vivirlo… no me creas. Sube. Siéntelo.